A propósito del auge de los trastornos de ansiedad y depresión, que tocan techo tras la crisis sanitaria de la covid, Damian Santomauro, profesor del Centro de Investigación en Salud Mental de Queensland (Australia) y autor del estudio, considera que estas tendencias al alza “pueden reflejar tanto los efectos persistentes del estrés relacionado con la pandemia como factores estructurales a largo plazo, como la pobreza, la inseguridad, el abuso, la violencia y la disminución de la conexión social”. En un comunicado, el científico advierte: “Abordar este creciente desafío requerirá una inversión sostenida en los sistemas de salud mental, un mayor acceso a la atención y una acción global coordinada para brindar un mejor apoyo a las”.
La ola de mala salud mental se ha extendido por todo el planeta. Hay disparidad entre territorios, pero de la tendencia alcista no se salvan los países ricos ni los pobres. Dentro de las regiones de altos recursos, por ejemplo, destaca el auge de la ansiedad en la zona de Australasia y de trastornos del espectro autista en el área de Asia-Pacífico. Pero los cuadros ansiosos, por ejemplo, también se disparan en América Latina, en el sur de Asia, o el oeste de África Subsahariana.
Jorge Aguado, psicólogo clínico del Hospital Clínic e investigador del Idibaps de Barcelona, apunta que esta investigación, en la que no ha participado, muestra que la carga de trastornos mentales es “muy elevada”. “La depresión y la ansiedad concentran gran parte del impacto, mientras que la esquizofrenia destaca por su gravedad. Además, se observa un aumento significativo en la adolescencia tardía y el inicio de la adultez, lo que subraya la importancia de la prevención y la intervención precoz. No obstante, estos datos se deben interpretar con cautela. El aumento observado puede deberse a múltiples factores, como cambios demográficos, mayor detección o el impacto de la covid, y no necesariamente a un incremento real de casos”, apostilla el experto en declaraciones al portal SMC.
En España, la incidencia de depresión estandarizada por edad aumentó un 34% en tres décadas y la ansiedad, un 126%. Los nuevos casos de anorexia y de bulimia también crecieron un 19% y un 30%, respectivamente. En cambio, las cifras de esquizofrenia y trastorno bipolar se mantuvieron estables o incluso se redujeron ligeramente.
Brecha de género
La radiografía de la salud mental del planeta también cristaliza una profunda brecha de género que atraviesa todas las etapas vitales. En conjunto, la prevalencia de trastornos mentales y la pérdida de años de vida saludables relacionados con estas dolencias fueron mayores en mujeres, aunque esta carga específica sobre ellas surge especialmente a partir de los 15 años, cuando los niveles de depresión y ansiedad empiezan a ser mayores. Antes, entre el nacimiento y los 14, los trastornos mentales más frecuentes son los de conducta y relacionados con el neurodesarrollo, como el autismo o el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), y ahí la prevalencia es mayor en varones.
Los autores sospechan que hay una interacción de mecanismos psicológicos, sociales y biológicos que explican una mayor prevalencia de los trastornos psiquiátricos entre mujeres durante buena parte de la vida. “En comparación con los varones, las mujeres experimentan menor autoestima, mayor tendencia a y mayores tasas de violencia doméstica y abuso sexual. Las mujeres [también] experimentan cambios biológicos, especialmente durante mayores responsabilidades de cuidado y están sujetas a otras desigualdades estructurales, como la discriminación de género y la menor equidad de género”, enumeran.
Todas esas cargas adicionales pasan factura a la salud mental, aunque los autores admiten que falta investigación para analizar cómo interfieren estos factores de estrés y cómo afectan de forma diferente las vías terapéuticas, según el sexo. En 2023, 620 millones de mujeres de todas las edades vivían con un trastorno mental, mientras que la cifra de hombres afectados por estas dolencias se situaba en 552 millones.
Atención insuficiente
El estudio remacha que la atención es insuficiente. Y recuerda que en un análisis previo ya estimaron que solo el 9% de las personas con depresión mayor en 2021 había recibido “un tratamiento mínimamente adecuado”. De hecho, solo siete países (Australia, Bélgica, Canadá, Alemania, Países Bajos, Corea del Sur y Suecia) alcanzaron tasas de tratamiento superiores al 30%. En 90 países, la cobertura era inferior al 5%.
Elisabet Domínguez, psicóloga y doctora en farmacología del Hospital de Sant Pau de Barcelona, sostiene que los hallazgos de esta investigación son “una llamada de atención inequívoca a los gobiernos para que actúen con políticas de prevención temprana, atención adaptada a jóvenes y mujeres, y una inversión real y coordinada en salud mental”.
“Cuando los científicos hablan de ‘carga’ de una enfermedad, no se refieren solo a cuánta gente la padece, sino a cuánto daño real provoca en la vida de las personas. Es una forma de medir el sufrimiento colectivo: cuántos años de vida sana se pierden porque alguien no puede trabajar, relacionarse o, simplemente, vivir con normalidad debido a su enfermedad. En el caso de los trastornos mentales, ese daño viene de vivir durante años o décadas con ansiedad permanente, con una depresión que impide levantarse por las mañanas o con una esquizofrenia que aísla completamente a quien la sufre. Este estudio muestra que los trastornos mentales son hoy la principal causa de discapacidad en el mundo. O lo que es lo mismo, que ninguna otra enfermedad limita más la vida cotidiana de tanta gente en el planeta, aunque no sea la que más mata directamente”, reflexiona la experta en declaraciones al portal SMC.
Domínguez, que no ha participado en esta investigación, recuerda que España destina menos del 7% del presupuesto sanitario a salud mental y advierte de que las listas de espera para visitar al psiquiatra o al psicólogo “se cuentan por meses”. “En nuestro propio sistema, la atención a la salud mental sigue siendo, en la práctica, un privilegio de quien puede pagarla”, lamenta.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
